MALDITO CENIZO

El cenizo es una maleza de los terrenos baldíos sinónimo de olvido , expresión de la decadencia  . Cuando una parcela durante un largo periodo aparece ensombrecida de esta planta y el abandono campa  junto a las malvas no es señal prodiga para su amo . Aprendi de los mas ancianos que “tener cenizo”  era una serie de sucesos encadenados por la mala suerte que pocas veces se endereza .

Y es que cuando llega en la forma sombría de la mala suerte se enraiza y deja esparcidas sus semillas por el suelo y nunca desaparece porque aunque muere vuelve a brotar de la misma manera amarga acompañada de la miseria .

Una vez conocí  a un hombre al que se le planto en su vida el cenizo para no marcharse nunca . Todo arrancó a raiz de un desamor un sentimiento no correspondido o como el decia entendido de distinta forma porque mientras el solo amaba ella solo hacia sexo . A partir de ese momento que se hizo su desdicha cada noche la ginebra era su aliada para soportar su ausencia y aunque pasaron los años la herida no cicatrizo nunca .

Entendía la embriaguez como un culto solemne a Dionisos dios del bebedor de la diversión y lo mundano porque en cada trago de una borrachera hay un anhelo por saborear la vida y la desesperada compañia de la procesión de exvotos que eran tubos de cubalibre y botellines de cerveza . Finalmente el cenizo pudo con el y su vida quedó baldía como un terreno  agrietado por la sequía y oscurecido de la maleza de esas malas hierbas.

Hay dos tipos de borrachos el que bebe para encontrar un sentido y encuentra respuestas  y el pernicioso que busca rellenar un vacío que nunca llena . Para mi amigo el cenizo pudo con el sobrio  porque se enraizaba a su mente y le ahogaba el alma pero nunca pudo con el borracho porque en ese estado se liberaba de la pesada carga de su desdicha y las malas hierbas desaparecían porque en esos instantes era feliz ,era estoico era grande merecedor de todo  .

 

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YO BENNU

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El Mediterráneo es una muchacha de mirada azul de la que nunca me canso de contemplar la profundidad de sus ojos y el placentero movimiento de su falda tendida sobre la arena haciendo olas , mientras la brisa se enreda entre mis dedos .

Es tiempo de migración y las aves  siempre sabias no se resignan a vivir en otra estación que no sea un eterno verano y se unen en una rebelión contra el invierno  , para dejarlo atras a miles de kilómetros de su dictadura .

Prismáticos en mano ,una vieja libreta para tomar notas ,acecho en la marisma ,cuando flotando sobre el  aire toma posesión de un remanso una garza real junto a un  ibis elevando este escenario palustre a santuario mitológico.

En el antiguo Egipto la garza real representaba a Bennu un símbolo de resurrección mito que dio origen al del ave Fénix para los griegos .El ibis era la representación de  Thot dios de la sabiduría y medidor del tiempo y también juez y escriba en el juicio de Osiris de la almas .

La tarde va chispeando de destellos  sobre las aguas someras de color esmeralda entre  acrobacias de zampullines y malvacias de pico color azul . En estas horas que me acompaña la  soledad todo cobra otro sentido y una conversación en un bar esta semana me viene dando vueltas .

Los bares son como la marisma , tienen una fauna donde la comunión con el alcohol convierte la barra en una eucaristía en la que comulgan los que buscan encontrar el olvido.

Hace unos días un  hombre con voz ahogada me pidió tabaco aunque yo no fumo , era cabizbajo y tenía una mirada del color gris con la que la apatía pinta la tristeza .La única intención con la que se acercó , fue para hacer una confesión , la del pecado de no vivir ,protagonizando su vida la resignación .

Recordé a  Camus que opinaba que una vida sin sentido que alcanza el absurdo no merece vivir , pero el hombre tiene la obligación de rebelarse a la apatía a buscar un sentido a dejar de atarse a la obligación de complacer  lo que se espera de el , tan solo ser plenamente libre .Imagino a Thot el escriba divino tomando notas de nuestra conciencia y a Bennu esperando a volar para renacer .

Cae la tarde y un grupo de flamencos atraviesa el cielo que al acercarse al atardecer arden  dorados y  flamean con su aleteo carmesí apagándose en la lejanía del horizonte  como el ave Fénix que muere en su ocaso para volver a nacer de sus cenizas .

Francisco M Cortes Fernandez