SOLO LOS BORRACHOS Y LOS NIÑOS DICEN LA VERDAD

Hay un lugar ,un lugar apartado iluminado difusamente por una bombilla rubia que luce calva en la intemperie,no tiene nombre porque la cal tapó el cartel que le daba unos apellidos pero todo el mundo en el pueblo conocía ese antro, como taberna de la Soledad.

Fortín de hombres ,enrarecido de tabaco ,hogar del sediento que desnuda con la mirada un  vaso de vino de tosco cristal púrpura ,sangre que brota de la vida que se apaga a cada sorbo .

Porque en la taberna de la Soledad se bebe para olvidar para no vivir en este mundo sino en el que navega  la imaginación del borracho . A veces me viene  a la memoria la taberna de la Soledad ;admiraba la sinceridad de las caras somnolientas de alcohol ruborizadas por el  vino y como de cuando en cuando alguien balbuceaba un discurso de solemnidad  envenenado de verdad ,sin el revestimiento del disimulo ,solo las palabras auténticas que marcan con una cicatriz el alma .

Todo es mentira nada es verdad ,este mundo rebosa de apariencias  donde lo autentico es lo extraño ;solo los niños y los borrachos dicen la verdad sin importar el que dirán, los primeros por inocentes los segundos por desinhibidos y sin embargo  los condenan , su pecado la sinceridad . El juego de vivir considera  mejor la metáfora de lo espinoso e intrincado  ,las palabras rellenas de ambigüedad donde mora la mentira y esconder tras una mascara nuestro verdadero rostro.

Aquellos días lejanos que regresan frescos a mi memoria , me devuelven las noches de cazadores y labriegos donde aprendí algunos de los aforismo de entender la vida y la necesidad de ser un borracho embriagado de verdad .

 

Francisco Manuel Cortes Fernandez

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NADIE ES LO QUE PARECE NI QUIEN DICE QUE ES .

Nadie es lo que parece ni quien dice que es, todos bailamos en torno a un  baile de máscaras de doce meses de carnaval en el gran teatro del mundo . Aparentamos ser mejores antes los demás para agradar , para no ser rechazados a cambio de perder la libertad de ser nosotros mismos.

Vivimos pendientes del que diran, con miedo de que descubran nuestras debilidades ,nuestras imperfecciones ,nuestros anhelos y todo los que nos muestra vulnerables ,pero que que es lo que nos hace humanos .

Toda nuestra vida vivimos con nuestra personalidad encarcelada ,incluso olvidada como si no existiéramos ,reflejando lo que los demás quieren ver,lo que todos quieren oir ,haciendo lo que se espera de nosotros ,dejando que decidan por nuestro destino y sin ser nunca dueños de nuestra vida .

El temor al rechazo paraliza  nuestras acciones, relegando el compromiso de ser conscientes, para ser actores que interpretan uno o varios papeles de los roles , esclavos de la careta que nos esconde siempre bajo el temor de la rapaz ignominia .

En este baile de apariencias ,donde para ser reconocible la reputación prima importancia por encima de los valores  ,la rivalidad por destacar crea la envidia y todo tipo competencia desleal ,es el gran teatro de la vida el de la catarsis de la tragedia griega la que observamos como espectadores ,lo que no somos .

 

ILIBERIS