SOLO LOS BORRACHOS Y LOS NIÑOS DICEN LA VERDAD

Hay un lugar ,un lugar apartado iluminado difusamente por una bombilla rubia que luce calva en la intemperie,no tiene nombre porque la cal tapó el cartel que le daba unos apellidos pero todo el mundo en el pueblo conocía ese antro, como taberna de la Soledad.

Fortín de hombres ,enrarecido de tabaco ,hogar del sediento que desnuda con la mirada un  vaso de vino de tosco cristal púrpura ,sangre que brota de la vida que se apaga a cada sorbo .

Porque en la taberna de la Soledad se bebe para olvidar para no vivir en este mundo sino en el que navega  la imaginación del borracho . A veces me viene  a la memoria la taberna de la Soledad ;admiraba la sinceridad de las caras somnolientas de alcohol ruborizadas por el  vino y como de cuando en cuando alguien balbuceaba un discurso de solemnidad  envenenado de verdad ,sin el revestimiento del disimulo ,solo las palabras auténticas que marcan con una cicatriz el alma .

Todo es mentira nada es verdad ,este mundo rebosa de apariencias  donde lo autentico es lo extraño ;solo los niños y los borrachos dicen la verdad sin importar el que dirán, los primeros por inocentes los segundos por desinhibidos y sin embargo  los condenan , su pecado la sinceridad . El juego de vivir considera  mejor la metáfora de lo espinoso e intrincado  ,las palabras rellenas de ambigüedad donde mora la mentira y esconder tras una mascara nuestro verdadero rostro.

Aquellos días lejanos que regresan frescos a mi memoria , me devuelven las noches de cazadores y labriegos donde aprendí algunos de los aforismo de entender la vida y la necesidad de ser un borracho embriagado de verdad .

 

Francisco Manuel Cortes Fernandez

UNA JAMSA PARA EL CORAZON

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Llegué al puerto en el  momento del atardecer , cuando aparece el camino dorado sobre el mar que conduce al sol mientras se sumerge, en esta Málaga fenicia de las jábegas que navegan santificadas por el ojo de Horus ,en el amable Mediterráneo .

Me gusta esperar al crepúsculo y caminar cuando las primeras farolas se encienden por las tortuosas calles que aun recuerdan un origen árabe . Las ciudades del Mediterráneo son crisol de culturas de leyendas e historia  , de  rostros de tez oliva y pelo negro ,  donde conviven lo moderno y lo eterno .

Me dejé sumergir  en el bullicio que colorea las calles inundadas de vida cuando comenzaban a lanzar los primeros destellos el encendido de los escaparates . La curiosidad me adentro en una tienda de nombre “Zoco” que recordaba en un pequeño recorrido a un mercado árabe , con olor a incienso y cuero de Fez ,con su plata vieja y gasas orientales .

Compartí con  la amabilidad de la dependienta mi admiración y viajes  a su patria del norte de África , entre los destellos de una jamsa que resplandecía de un farol de vidrios rojos y azules y textura andalusí . La mano de Fátima colgaba ondeando su halo protector contra la envidia que llaman mal de ojo .

Nunca creí en esas cosas aunque me gusta regalarlas porque un árabe me confesó una vez que hacerlo traía a su portador buena suerte , por eso mi devoción por el amuleto se ha convertido con el paso de los años en un detalle de cortesía .

Las calles de mármol recuerdan al esplendor de un palacio oriental y es fácil sucumbir con la mirada al pavimento pulido como un espejo y desembocar siguiendo un olor a especias y menta a una tetería decorada de exquisitos arabescos .

Me recuerda a mi Granada de juventud a las tardes de charla con una tetera cargada de hierba buena . Al fondo decorado con alfombras persas  y luminarias árabes , sobre una mesa de taracea una pareja comparte una tetera  . Ella le dedica una mirada cómplice con un brillo en sus ojos , mientras el derrama el te en los vasos creando una atmósfera vaporosa .

Algo importante le debe de decir para que ella agache la cabeza con la sumisión de quien ama y declina sus deseos por ser complaciente . No se que habrá dicho  pero se que esas mismas palabras las habré pronunciado yo alguna vez .

El amor cuando llega se concibe para siempre ,se hacen promesas para que nunca acabe porque nos sentimos plenos pero cuando alcanza su máximo se vuelve tranquilo ;ansiamos lo que nos falta y cuando lo tenemos lo olvidamos . El amor tiene mala fama porque siempre duele  y cada vez son mas los que se protegen a estar enamorados ,los que se han decidido a luchar para hacerlo pasajero y efímero .

Al doblar la esquina  en una terraza me dedican una mirada y un cuchicheo entre risas que respondo con una sonrisa educada y pienso que no hay amuleto posible para evitar el amor .

 

 

Francisco Manuel Cortes Fernadez

 

iliberis nigra OCTUBRE 2016

YO SISIFO

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Una mirada de sol escapa tras las nubes y se asoma con un guiño cegador en el retrovisor, dejándome una ceguera de sombras que mi imaginación forma la imagen de una mujer de ojos caídos que enmudecen ante unos labios arqueados de melancolía que no alcanzan a esconder la resignación . Y pienso , en la vida como el  bodegón de una cocina donde cuelga la tristeza de las cebollas y  la vida condimentada con ajos deja un mal sabor de boca .

Las áureas tierras de los trigales de fin de Agosto y la paciente cogujada sobre el asfalto que presume de su cresta son motivos para detenerme y recrearme hasta recuperar la vista .En estas tierras de mi  niñez pase largas jornadas bajo el sol , donde conocí la miseria del jornalero que se abnega a cumplir su destino y que en un reproche a la providencia que siempre es una esperanza que no llega , deja de luchar .

Se magnifica el sacrificio como  virtud hasta llegar al absurdo de una existencia que en vida no alcanza el cielo ,solo a pagar con sudor el pan y empapar la tierra hasta hacerla barro con lágrimas .La vida del labriego es mítica como la de Sísifo  condenado por el panteón griego a subir una gran roca a lo alto de una montaña cada dia y al llegar a la sima caía ladera abajo resultando su trabajo inútil porque ese era su infierno a la osadía de burlarse de los dioses ,un castigo a perpetuidad sin sentido  pero Camus lo imagina feliz cuando la gran piedra rodaba y Sísifo bajaba de la montaña liberado .

De esa vida de campo que me anega hasta hoy de nostalgia y olores mis recuerdos , aprendí que la condena de ser bracero estaba lleno de momentos que  saboreaban los pequeños instantes que  duraban la vida de un cigarro donde se compartía risas y descanso , alcanzar a sentir con sublime sensibilidad el canto de un pájaro cuando reina el silencio y  a compartir anécdotas cuando llegaba el fin del dia ,ese momento en el que Sisifo se liberaba de su condena y era feliz porque en ese instante que el crepúsculo se tiñe de naranja las voces se hacen mas lentas y profundas.

El reflejo dorado de las avenas que adornan el arcén como un broche de oro ,me devuelve  la nitidez de un dia de verano azulado y al levantar la vista al horizonte , la carretera de escamas oscuras serpentea por entre las colinas rubias de trigo y me recreo con el aroma de un hinojo tardío que me trae un dulce olor anisado ,la caricia del sol tenue del mes de los campos agostados y el canto de los abejarucos que se marchan a otras tierras para vivir siempre en un eterno verano,me reafirman lo bello que es vivir .

Francisco Manuel Cortes Fernandez

 

 

SOLEDAD 2.0

 

“La conocí donde el viento mece el trigo en un pajizo páramo ; comedida y tímida . La volví a buscar por los caminos , y la encontré , en el momento que la luna alumbraba los montes de tomillo ; le pregunté por su nombre y me dijo Soledad .

En la ciudad hace tiempo que no me encuentro con soledad, pero quien la conoce dicen que es una loca, chillona y histriónica.”

 

Voy a denunciar a soledad en este vacío existencial urbano que dibuja las calles de caras tristes . El anonimato de las personas que han olvidado saludar y de las que caminan con el rostro vacío mirando al suelo . Es un mal que planea con su manto oscuro sobre la sociedad y a la vez que entro en la vida de nuevos conocidos ,me declaran con aceptación y normalidad el uso de los ansioliticos para poder sobrellevar el día .

No los culpo porque somos una masa que pretende ser heterogénea , donde nos llaman por números no por nombres , bajo el seudónimo de todos iguales . Incluso lo mas cercano a ser humanos se ha convertido en un perfil de redes sociales donde habita nuestro avatar en un ecosistema virtual basado en relaciones superficiales para regodearnos con el onanismo del aislamiento . En la calle todos somos desconocidos sin nombre y sin identidad , almas solitarias ,lobos esteparios .

DEJA VU vivir la vida recordando un sueño.

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“Era un hombre risueño de párpados caídos ,de rostro encendido , embriagado de la locura con la que se escriben los sueños . Le llamaban loco porque vivía despierto dentro de un sueño y su verdadera vida la hacía mientras dormía porque vivía soñando . Al despertar narraba lo que le había acontecido con ojos de fantasía porque mientras narraba su día pensaba que andaba durmiendo .”

DEJA VU vivir la vida recordando un sueño.

Que momento define la frontera de la realidad y la de los sueños, cuando los párpados se entornan como goteras insidiosas de Morfeo. Cada hombre tiene mil almas, que al cerrar los ojos despiertan ,y como estrellas fugaces ,pasan dejando una estela en el recuerdo ,como el arroyo que surca el páramo y desaparece con el estío .

Hay hombres que viven dormidos, porque su verdadera vida la vivieron en un sueño ,sin saber como despertar de los laberintos por donde serpentean los laxos retales de recuerdos . La memoria baldía se pierde por los intrincados laberintos que desembocan en la laguna del olvido donde se ahogan los recuerdos hasta que DEJA VU un retal perdido aparece en los sueños .

ANICETO ACTO VI

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Las mañanas en cortijo Nuevo empiezan con el graznido de los grajos que despiertan de las cañas,cuando el sol resbala por la cumbre nevada del Veleta.

Hoy toca roturar las toscas tierras cerca de las termas de Malaha .Andaban en barbecho pero tras un lustro sin ser encintas ,el amo ha dispuesto volver a preñarlas de grano .

El filo de herrumbre del arado ,deja a su paso heridas de olor a tierra húmeda y entre sus surcos serpentean las colas de lombrices que cimbrean como el rabo de una lagartija.

El día que nació Aniceto en la víspera del solsticio de verano su madre con el puño amenazando a los cielos juro que su hijo no seria un gañan , pero la esperanza ciega ,lleva las ilusiones por caminos oscuros que terminan como las palabras, por no llegar a ninguna sitio . Castigo del dios de la tierra , el dejar a un hijo tirando de un arado a la par de las bestias.

Las hendiduras que se abren en carne viva de arcilla ,resplandecen color sangre al sol de medio día .La finca del señorico a la hora que las sombras están escondidas, presentan ese aspecto de mosaico de jardín versallesco ,donde es fácil perderse en el laberinto de surcos y arroyos ,y Aniceto es un animal como los bueyes que tiran del arado .A cada gota de sudor maldice a los cielos divinos de sufrir su destino ,obstinado por el absurdo y por embeber el mismo olor del sudor de sus compañeros cornudos.

Con la cera que las velas derriten cada noche las lecturas de Aniceto , le hacen soñar con poder volar por encima de esos arados y surcos que parecen mirar con desprecio los cernícalos que se quedan suspendidos en lo alto del cielo .

La linde la marca un almendro retorcido en el filo del barranco que baja salpicado de espartos y tomillos . Cuando Aniceto llega ,le acaricia una suave brisa y ve al fondo, el arroyo Salado como una serpiente de plata que se esconde por entre los tarajes y repta por las cárcavas ,buscando sediento lamer las aguas dulces del Genil.

Terminado su trabajo ,Aniceto vuelve contento al cortijo ,porque el regreso es el momento en el que se siente aliviado y es libre . Como el dice el crepúsculo es un lapsus que parece detener el tiempo pues ni es día ni es noche y no pertenece al amo ,sino a su sobrecogimiento ,donde se reconoce como hombre y donde encuentra un sentido .

 

FRANCISCO MANUEL CORTES FERNANDEZ

foto del Arroyo Salado (La Malaha – Santa Fe)

ANICETO ACTO V

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Baila el fuego bajo la sartén de gachas ,acariciando los bordes con sus abrazos. La cocina de un campesino es como un bodegón donde cuelga la tristeza de las cebollas y donde la vida condimentada con ajos deja un mal sabor de boca.

Aniceto observa la danza hipnótica de la candela que chispea rompiendo el absorto de sus pensamientos . Cuanto tiene que trabajar ,para pagar la penitencia de haber nacido pobre y ,que sentido tiene su existencia sino alcanza a disponer de mas albedrio , que el que tiene una paloma.

El abrazo de las llamas hace burbujear el guiso y al crujir del carbón se une el acompasado sonido de las burbujas. Se siente absurdo, porque todos los días sube al cortijo para arrastrar la pesada losa del deber, y cuando regresa, vuelve sin nada ,salvo la obligación de comenzar al día siguiente una nueva tarea .Una vida de trabajo , sin mas resultado que acumular miseria .

El calor es bueno para aliviar la doblez de su espalda, y acerca su lomo a la fogata . Las caricias de la calidez de las brasas le relajan , y le proyecta la sombra de un alma que vive en la umbría de la felicidad ,en una cocina que es como un cueva tétrica de paredes marchitas de hollín .

El hombre busca sentido para sentir arraigo y Aniceto lo encuentra en cada amanecer ,cuando los ojos alcanzan a ser atravesados por la vespertina luz del sol y cambia de aires enrarecidos de la cavernaria cocina ,por la fresca brisa que le brinda cada nuevo día , que deja abierta una puerta a la esperanza y rompe la monotonía que le sumerge la soledad.

Francisco Manuel Cortes Fernandez

foto de Joaquin Salvatierra Ramos