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PEPE EL DEL TESORO

Conocí a Pepe una tarde de verano siguiendo un camino con bordes de avena que conducían a las ruinas de un cortijo ,ocultado por algarrobos y abrazado por unas chumberas que arañaban su piel de cal blanca .

Era una casona que debió de ser antaño un lagar de los que habitaron estas tierras de viñedos de la Axarquia . Observaba la fachada herida , imaginando sus tiempos de esplendor cuando de entre los escombros apareció una sombra que surgió bajo un arco barroco y al salir a luz fue como conocí a Pepe , un legionario sexagenario , delgado de tez curtida y cobriza .Lo conocían en los montes como Pepe el del Tesoro porque a todos los que topaban con el , les juraba que en el cortijo que le daba cobijo existía una tesoro .

En cada atardecer cuando el sol se sumerge en el Mediterráneo , Pepe subía al monte que domina una encina para ver los últimos rayos de luz que hacen emerger por el horizonte las montañas de África y sus ojos se volvían vidriosos de melancolía .

Un dia me hablo de Zoraima , una muchacha de piel canela y de ojos negros como las profundidades por las que brota el agua ,hablaba de ella con la reverencia de un primer amor y describia la redondez de sus caderas como las suaves lomas donde derrochan su perfume las lavandas .

Zoraima era una mujer del desierto , flexible como una espiga que al caminar se contoneaba como un junco .Su pelo , era largo azabache como la crin de una yegua que galopa libre por el tórrido desierto ; Era un volcán de carnes prietas que el ejercicio de la pasión había convertido en una obsidiana del deseo que nublaba la voluntad de los hombres .

Pepe se reengancho en la legión de África para ver cada noche a Zoraima en el antro donde ejercía el ancestral oficio del deseo y cuando tenía dinero la compraba para que durante unos minutos fuera suya . Ella era su obsesión el motivo de su locura por el que su dinero desembocaba en su entrepierna .

Enloqueció el dia que Zoraima quedó sepultada bajo las arenas del desierto y volvió al cortijo que lo vio nacer , un lagar que mira al Mediterráneo  . Su equipaje era solo lo puesto ,una foto ,la guerrera de soldado y el recuerdo de Zoraima .

Me entristeció cuando recibí la noticia de su muerte . Me asaltaron nuestras conversaciones como un homenaje que le hacia mi recuerdo . Una un tarde de verano volví por el camino que lleva al cortijo y lo encontré hecho un solar y tras un incendio se había despejado de maleza un barranco que ahora tiznado dejaba al descubierto sus secretos. Me llamo la atención en el cauce de la rambla la entrada de una mina en cuyo interior encontré un pozo con una alcubilla de agua y en un lado de la oquedad como un santuario donde se colocan las vírgenes había un relicario de plata apagada por el contacto telúrico con la humedad de la tierra .

El relicario contenía la foto de una muchacha joven de ojos oscuros y pelo negro y un grabado con el nombre de Zoraima . Entonces entendí que ese era el tesoro que buscaba Pepe y porque vivía en aquella casa por la que se podía ver el cielo estrellado en la oquedad del tejado  . La locura lo había desmemoriado y le había hecho olvidar el lugar donde en secreto idolatraba la imagen de la que había sido suya solo con el trato pactado del dinero  .

Aquella tarde cuando el sol se apagaba en el Mediterráneo subí al monte de la encina donde Pepe cada dia añoraba a Zoraima . Encontré en el tronco nudoso del chaparro un hueco donde se sentía el alma del árbol y allí deje el relicario y el recuerdo del legionario frente al atardecer donde cada tarde surgen las montañas de África .

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