LA SIESTA

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“Se cuenta que, en otros tiempos, las cigarras eran hombres de ésos que existieron antes de las Musas, pero que, al nacer éstas y aparecer el canto, algunos de ellos quedaron embelesados de gozo hasta tal punto que se pusieron a cantar sin acordarse de comer ni beber, y en ese olvido se murieron. De ellos se originó, después, la raza de las cigarras, que recibieron de las Musas ese don de no necesitar alimento alguno desde que nacen y, sin comer ni beber, no dejan de cantar hasta que mueren .”

Fedro.

Agosto de 1988

Se apresuran las mujeres por el camino marcado por las avenas en el meridiano del verano cuando los campos agostados languidecen pajizos .El coche en el que han llegado se ha vuelto del color de la tierra asfixiado de polvo y raudas se aproximan cargadas con la comida de los jornaleros que esperan bajo la higuera ,  protegidos de los rayos del sol, refrescándose en las palpitantes aguas de murmullo acogedor de la acequia .Gazpacho con unos cubitos derretidos y unas tortillas de patatas para reponer fuerzas es el almuerzo para refrescar al espíritu de la insolación .

Agosto en la comarca del Temple es un erial de trigo aplastado y de páramos que se interrumpen con los olivares y las suaves lomas que se suceden hasta llegar a las tierras de Alhama , bajo un cielo añil pulcro sin nubes y  la melodía incesante hasta hacerse un ruido ensordecedor  de las cigarras que  conversan entre si en un lenguaje que los hombres olvidamos y que se hace eco entre las retamas que sirven de eventuales cobijos para los insectos .

Las cigarras no sestean dicen que la vida es breve para pasar una parte de ella en un sueño  y prefieren hablar o cantar bajo las sombras de las encinas en flor o bajo el cobijo de los olivos cargados de tempranas aceitunas .Solo se vive una vez y las cigarras no duermen  olvidan comer y beber porque ellas solo quieren cantar bajo el sol del mediodía y saborear hasta el último suspiro la vida .

Una vez Aniceto se dejó vencer por la siesta bajo la higuera por la que discurre el agua del brazal y sus ojos se entornaron adormecidos en un profundo sueño ajeno de la conversación de las cigarras .

Cuando despertó tras el tiempo que dura un cigarro se vio extrañado y miró a todos como desconocidos ,sin reconocer el lugar donde estaba ,duro unos minutos su confusión pero cuando nos relató su sueño entendimos que había vivido otra vida .

Narró que en la vida que soñó tenía una familia y no era el peón que ejecuta con su mano la tierra que nunca será suya y agacha la cabeza al paso de un amo  . Hablo de la libertad como la de los abejarucos que colorean el cielo estival y recorren con su cantos los campos después de la siega sin entender que tengan dueño ; en ese momento se derrumbó y lloró con la nostalgia de un mundo perdido  .

Ese día Aniceto se volvió extraño, una melancolía le invadió de la que nunca se recuperaría .Cada vez que encendía un cigarro al amparo de una candela ,su mirada se quedaba perdida con las acrobacias fugaces de las chispas y con los ojos vidriosos  narraba aquella historia que sentía como su verdadera vida ,porque el se creía dormido viviendo en un sueño del que terminaría despertando .

Que momento define la frontera de la realidad y de los sueños, cuando los párpados se caen como goteras insidiosas de Morfeo. Cada hombre tiene mil almas, que al cerrar los ojos despiertan ,y como estrellas fugaces pasan dejando un rastro en el recuerdo ,como la estela del arroyo que surca el páramo y desaparece con el estío . Hay hombres que viven dormidos, porque su verdadera vida la vivieron en un sueño ,sin saber como despertar de los laberintos por donde serpentean los retales de historias y las vidas inconexas . Aguardan los hombres dormidos en la cola de las lagunas del olvido donde desembocan los recuerdos esperando una señal que les ayude a recobrar su verdadera vida ,la que a veces en sueños recuerdan.  

 

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

 

Calderón de la Barca (La vida es sueño)

 

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SOLO LOS BORRACHOS Y LOS NIÑOS DICEN LA VERDAD

Hay un lugar ,un lugar apartado iluminado difusamente por una bombilla rubia que luce calva en la intemperie,no tiene nombre porque la cal tapó el cartel que le daba unos apellidos pero todo el mundo en el pueblo conocía ese antro, como taberna de la Soledad.

Fortín de hombres ,enrarecido de tabaco ,hogar del sediento que desnuda con la mirada un  vaso de vino de tosco cristal púrpura ,sangre que brota de la vida que se apaga a cada sorbo .

Porque en la taberna de la Soledad se bebe para olvidar para no vivir en este mundo sino en el que navega  la imaginación del borracho . A veces me viene  a la memoria la taberna de la Soledad ;admiraba la sinceridad de las caras somnolientas de alcohol ruborizadas por el  vino y como de cuando en cuando alguien balbuceaba un discurso de solemnidad  envenenado de verdad ,sin el revestimiento del disimulo ,solo las palabras auténticas que marcan con una cicatriz el alma .

Todo es mentira nada es verdad ,este mundo rebosa de apariencias  donde lo autentico es lo extraño ;solo los niños y los borrachos dicen la verdad sin importar el que dirán, los primeros por inocentes los segundos por desinhibidos y sin embargo  los condenan , su pecado la sinceridad . El juego de vivir considera  mejor la metáfora de lo espinoso e intrincado  ,las palabras rellenas de ambigüedad donde mora la mentira y esconder tras una mascara nuestro verdadero rostro.

Aquellos días lejanos que regresan frescos a mi memoria , me devuelven las noches de cazadores y labriegos donde aprendí algunos de los aforismo de entender la vida y la necesidad de ser un borracho embriagado de verdad .

 

Francisco Manuel Cortes Fernandez

ANICETO ACTO VI

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Las mañanas en cortijo Nuevo empiezan con el graznido de los grajos que despiertan de las cañas,cuando el sol resbala por la cumbre nevada del Veleta.

Hoy toca roturar las toscas tierras cerca de las termas de Malaha .Andaban en barbecho pero tras un lustro sin ser encintas ,el amo ha dispuesto volver a preñarlas de grano .

El filo de herrumbre del arado ,deja a su paso heridas de olor a tierra húmeda y entre sus surcos serpentean las colas de lombrices que cimbrean como el rabo de una lagartija.

El día que nació Aniceto en la víspera del solsticio de verano su madre con el puño amenazando a los cielos juro que su hijo no seria un gañan , pero la esperanza ciega ,lleva las ilusiones por caminos oscuros que terminan como las palabras, por no llegar a ninguna sitio . Castigo del dios de la tierra , el dejar a un hijo tirando de un arado a la par de las bestias.

Las hendiduras que se abren en carne viva de arcilla ,resplandecen color sangre al sol de medio día .La finca del señorico a la hora que las sombras están escondidas, presentan ese aspecto de mosaico de jardín versallesco ,donde es fácil perderse en el laberinto de surcos y arroyos ,y Aniceto es un animal como los bueyes que tiran del arado .A cada gota de sudor maldice a los cielos divinos de sufrir su destino ,obstinado por el absurdo y por embeber el mismo olor del sudor de sus compañeros cornudos.

Con la cera que las velas derriten cada noche las lecturas de Aniceto , le hacen soñar con poder volar por encima de esos arados y surcos que parecen mirar con desprecio los cernícalos que se quedan suspendidos en lo alto del cielo .

La linde la marca un almendro retorcido en el filo del barranco que baja salpicado de espartos y tomillos . Cuando Aniceto llega ,le acaricia una suave brisa y ve al fondo, el arroyo Salado como una serpiente de plata que se esconde por entre los tarajes y repta por las cárcavas ,buscando sediento lamer las aguas dulces del Genil.

Terminado su trabajo ,Aniceto vuelve contento al cortijo ,porque el regreso es el momento en el que se siente aliviado y es libre . Como el dice el crepúsculo es un lapsus que parece detener el tiempo pues ni es día ni es noche y no pertenece al amo ,sino a su sobrecogimiento ,donde se reconoce como hombre y donde encuentra un sentido .

 

FRANCISCO MANUEL CORTES FERNANDEZ

foto del Arroyo Salado (La Malaha – Santa Fe)

ANICETO ACTO V

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Baila el fuego bajo la sartén de gachas ,acariciando los bordes con sus abrazos. La cocina de un campesino es como un bodegón donde cuelga la tristeza de las cebollas y donde la vida condimentada con ajos deja un mal sabor de boca.

Aniceto observa la danza hipnótica de la candela que chispea rompiendo el absorto de sus pensamientos . Cuanto tiene que trabajar ,para pagar la penitencia de haber nacido pobre y ,que sentido tiene su existencia sino alcanza a disponer de mas albedrio , que el que tiene una paloma.

El abrazo de las llamas hace burbujear el guiso y al crujir del carbón se une el acompasado sonido de las burbujas. Se siente absurdo, porque todos los días sube al cortijo para arrastrar la pesada losa del deber, y cuando regresa, vuelve sin nada ,salvo la obligación de comenzar al día siguiente una nueva tarea .Una vida de trabajo , sin mas resultado que acumular miseria .

El calor es bueno para aliviar la doblez de su espalda, y acerca su lomo a la fogata . Las caricias de la calidez de las brasas le relajan , y le proyecta la sombra de un alma que vive en la umbría de la felicidad ,en una cocina que es como un cueva tétrica de paredes marchitas de hollín .

El hombre busca sentido para sentir arraigo y Aniceto lo encuentra en cada amanecer ,cuando los ojos alcanzan a ser atravesados por la vespertina luz del sol y cambia de aires enrarecidos de la cavernaria cocina ,por la fresca brisa que le brinda cada nuevo día , que deja abierta una puerta a la esperanza y rompe la monotonía que le sumerge la soledad.

Francisco Manuel Cortes Fernandez

foto de Joaquin Salvatierra Ramos

LAGRIMAS DE SOLEDAD EN EL TEMPLE

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En mil pétalos de rojo carmesí reventó su corazón ,el día que ella ,la que sus labios no pueden nombrar , la que voló para irse lejos, le dejo atrás en el olvido . Hay noches que la soledad le embarga y la vigilia se convierte en campeo de insomnio bajo el cielo lácteo de los sueños . Solo le queda el consuelo de olvidar ,en las pajizas tierras que se vuelven de plata con la mirada de las estrellas . El viento aúlla arrastrando las retamas y grita palabras sin nombre que se alejan , perdidas tras los olivos. De ella solo queda la memoria que guarda la melancolía , y el dolor espino que le aprieta el alma cada vez que la evoca . A veces Aniceto para recordarla ,madruga muy temprano para ver sus ojos en el lucero del alba y sentir el frio matinal que fueron sus caricias . Hay mañanas que las lagrimas son perlas de roció que escapan de lo mas triste del alma, para caer como diamantes en la tierra áspera que entierra los sentimientos y trae la calma .

Francisco Manuel Cortes Fernandez

EN CADA ATARDECER

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Allá por el atardecer ,cuando las espigas se tornan de pálido oro y desnudas quedan las amapolas por las caricias del viento del sur . En un remanso en el borde del camino ,rompeolas estepario herido por una alambrada de oxidado espino ,asienta en un palo un mochuelo de ojos hendidos y mirada sabia.

 
Aniceto gusta de acercarse a la orilla del trigal para observar como las olas de trigo se alejan hasta estrellarse en el tronco del viejo olivo. En el cortijo dice que sale a tomar el fresco ,pero en realidad va al encuentro de sus pensamientos y esperar en silencio la puesta de sol .

 
Cuando llega el momento callado en el que las tierras del Temple quedan sombrías ,oye las voces de su interior, las que hablan de sus sueños , las que dan consejos , las que le hablan con sentimiento paternal.

 
Las espigas se hacen murmullo de mar en el crepúsculo ,con el guiño de las primeras estrellas . En la magnitud del firmamento difuminado de creciente oscuridad se pierde la vista de la sierras y los montes de la Cabra ; Con un cigarro encendido Aniceto se hace reflexivo ,se siente grande y capaz ,al contemplar como las montañas que rodean la comarca ,se hacen invisibles y los muros que encierran su ilusion y su libertad desaparecen para sentirse libre en cada atardecer.

 

AUTOR Francisco Manuel Cortes Fernadez

FOTO  Antonio Castro Sanchez (Antoñillo)

secano Santa Fe y La Malaha

LA TABERNA DE LA SOLEDAD

Cada vez que entro en esa taberna desnuda de intimidad, por grandes ventanales encerrados en rejas de forja andaluza ,me sumerjo en una atmósfera turbia de tabaco que enrarece los pensamientos y de alcohol de mesa que difumina la realidad .

Hay bares que son centros lúdicos de la soledad , de almas erráticas en busca de un sentido, refugio de las miserias que callan escondidas . Hombres anónimos ,personas sin nombre ,que cabizbajos asienten ,el batacazo de una ficha de domino ,y por dentro mutismo ,solo el silencio del aislamiento.

Los hombres apenas hablan solo beben en compañía y Aniceto acude con el afán de encontrar conversación y cercanía ; las largas horas de pastoreo en la dehesa le dejan con la lengua muda y los labios pegados de sal.

El mundo suena a silencio y en lo mas profundo de cada hombre miles de gritos que buscan consuelo . Solo unas palabras distan de un hombre a otro que conviven callados y solo una conversación es lo que nos hace humanos.Sin embargo la retorica de las formas ,el miedo a los demás , el deseo de no querer pensar a cambio de ser masa , hacen un mundo mudo.

Rara vez Aniceto se ve por Santa fe , salvo cuando su amo le manda a pastorear a la dehesa .Este año el otoño ha sido corto,la sierra pronto se ha cargado de nieve , y su aliento que convierte en escarcha las gotas de roció han dejado los prados verdes, de rica hierba y para las ovejas alegría.

Francisco Manuel Cortes Fernandez

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