SOLO LOS BORRACHOS Y LOS NIÑOS DICEN LA VERDAD

Hay un lugar ,un lugar apartado iluminado difusamente por una bombilla rubia que luce calva en la intemperie,no tiene nombre porque la cal tapó el cartel que le daba unos apellidos pero todo el mundo en el pueblo conocía ese antro, como taberna de la Soledad.

Fortín de hombres ,enrarecido de tabaco ,hogar del sediento que desnuda con la mirada un  vaso de vino de tosco cristal púrpura ,sangre que brota de la vida que se apaga a cada sorbo .

Porque en la taberna de la Soledad se bebe para olvidar para no vivir en este mundo sino en el que navega  la imaginación del borracho . A veces me viene  a la memoria la taberna de la Soledad ;admiraba la sinceridad de las caras somnolientas de alcohol ruborizadas por el  vino y como de cuando en cuando alguien balbuceaba un discurso de solemnidad  envenenado de verdad ,sin el revestimiento del disimulo ,solo las palabras auténticas que marcan con una cicatriz el alma .

Todo es mentira nada es verdad ,este mundo rebosa de apariencias  donde lo autentico es lo extraño ;solo los niños y los borrachos dicen la verdad sin importar el que dirán, los primeros por inocentes los segundos por desinhibidos y sin embargo  los condenan , su pecado la sinceridad . El juego de vivir considera  mejor la metáfora de lo espinoso e intrincado  ,las palabras rellenas de ambigüedad donde mora la mentira y esconder tras una mascara nuestro verdadero rostro.

Aquellos días lejanos que regresan frescos a mi memoria , me devuelven las noches de cazadores y labriegos donde aprendí algunos de los aforismo de entender la vida y la necesidad de ser un borracho embriagado de verdad .

 

Francisco Manuel Cortes Fernandez

ANICETO ACTO VI

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Las mañanas en cortijo Nuevo empiezan con el graznido de los grajos que despiertan de las cañas,cuando el sol resbala por la cumbre nevada del Veleta.

Hoy toca roturar las toscas tierras cerca de las termas de Malaha .Andaban en barbecho pero tras un lustro sin ser encintas ,el amo ha dispuesto volver a preñarlas de grano .

El filo de herrumbre del arado ,deja a su paso heridas de olor a tierra húmeda y entre sus surcos serpentean las colas de lombrices que cimbrean como el rabo de una lagartija.

El día que nació Aniceto en la víspera del solsticio de verano su madre con el puño amenazando a los cielos juro que su hijo no seria un gañan , pero la esperanza ciega ,lleva las ilusiones por caminos oscuros que terminan como las palabras, por no llegar a ninguna sitio . Castigo del dios de la tierra , el dejar a un hijo tirando de un arado a la par de las bestias.

Las hendiduras que se abren en carne viva de arcilla ,resplandecen color sangre al sol de medio día .La finca del señorico a la hora que las sombras están escondidas, presentan ese aspecto de mosaico de jardín versallesco ,donde es fácil perderse en el laberinto de surcos y arroyos ,y Aniceto es un animal como los bueyes que tiran del arado .A cada gota de sudor maldice a los cielos divinos de sufrir su destino ,obstinado por el absurdo y por embeber el mismo olor del sudor de sus compañeros cornudos.

Con la cera que las velas derriten cada noche las lecturas de Aniceto , le hacen soñar con poder volar por encima de esos arados y surcos que parecen mirar con desprecio los cernícalos que se quedan suspendidos en lo alto del cielo .

La linde la marca un almendro retorcido en el filo del barranco que baja salpicado de espartos y tomillos . Cuando Aniceto llega ,le acaricia una suave brisa y ve al fondo, el arroyo Salado como una serpiente de plata que se esconde por entre los tarajes y repta por las cárcavas ,buscando sediento lamer las aguas dulces del Genil.

Terminado su trabajo ,Aniceto vuelve contento al cortijo ,porque el regreso es el momento en el que se siente aliviado y es libre . Como el dice el crepúsculo es un lapsus que parece detener el tiempo pues ni es día ni es noche y no pertenece al amo ,sino a su sobrecogimiento ,donde se reconoce como hombre y donde encuentra un sentido .

 

FRANCISCO MANUEL CORTES FERNANDEZ

foto del Arroyo Salado (La Malaha – Santa Fe)

ANICETO ACTO V

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Baila el fuego bajo la sartén de gachas ,acariciando los bordes con sus abrazos. La cocina de un campesino es como un bodegón donde cuelga la tristeza de las cebollas y donde la vida condimentada con ajos deja un mal sabor de boca.

Aniceto observa la danza hipnótica de la candela que chispea rompiendo el absorto de sus pensamientos . Cuanto tiene que trabajar ,para pagar la penitencia de haber nacido pobre y ,que sentido tiene su existencia sino alcanza a disponer de mas albedrio , que el que tiene una paloma.

El abrazo de las llamas hace burbujear el guiso y al crujir del carbón se une el acompasado sonido de las burbujas. Se siente absurdo, porque todos los días sube al cortijo para arrastrar la pesada losa del deber, y cuando regresa, vuelve sin nada ,salvo la obligación de comenzar al día siguiente una nueva tarea .Una vida de trabajo , sin mas resultado que acumular miseria .

El calor es bueno para aliviar la doblez de su espalda, y acerca su lomo a la fogata . Las caricias de la calidez de las brasas le relajan , y le proyecta la sombra de un alma que vive en la umbría de la felicidad ,en una cocina que es como un cueva tétrica de paredes marchitas de hollín .

El hombre busca sentido para sentir arraigo y Aniceto lo encuentra en cada amanecer ,cuando los ojos alcanzan a ser atravesados por la vespertina luz del sol y cambia de aires enrarecidos de la cavernaria cocina ,por la fresca brisa que le brinda cada nuevo día , que deja abierta una puerta a la esperanza y rompe la monotonía que le sumerge la soledad.

Francisco Manuel Cortes Fernandez

foto de Joaquin Salvatierra Ramos

LAGRIMAS DE SOLEDAD EN EL TEMPLE

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En mil pétalos de rojo carmesí reventó su corazón ,el día que ella ,la que sus labios no pueden nombrar , la que voló para irse lejos, le dejo atrás en el olvido . Hay noches que la soledad le embarga y la vigilia se convierte en campeo de insomnio bajo el cielo lácteo de los sueños . Solo le queda el consuelo de olvidar ,en las pajizas tierras que se vuelven de plata con la mirada de las estrellas . El viento aúlla arrastrando las retamas y grita palabras sin nombre que se alejan , perdidas tras los olivos. De ella solo queda la memoria que guarda la melancolía , y el dolor espino que le aprieta el alma cada vez que la evoca . A veces Aniceto para recordarla ,madruga muy temprano para ver sus ojos en el lucero del alba y sentir el frio matinal que fueron sus caricias . Hay mañanas que las lagrimas son perlas de roció que escapan de lo mas triste del alma, para caer como diamantes en la tierra áspera que entierra los sentimientos y trae la calma .

Francisco Manuel Cortes Fernandez

EN CADA ATARDECER

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Allá por el atardecer ,cuando las espigas se tornan de pálido oro y desnudas quedan las amapolas por las caricias del viento del sur . En un remanso en el borde del camino ,rompeolas estepario herido por una alambrada de oxidado espino ,asienta en un palo un mochuelo de ojos hendidos y mirada sabia.

 
Aniceto gusta de acercarse a la orilla del trigal para observar como las olas de trigo se alejan hasta estrellarse en el tronco del viejo olivo. En el cortijo dice que sale a tomar el fresco ,pero en realidad va al encuentro de sus pensamientos y esperar en silencio la puesta de sol .

 
Cuando llega el momento callado en el que las tierras del Temple quedan sombrías ,oye las voces de su interior, las que hablan de sus sueños , las que dan consejos , las que le hablan con sentimiento paternal.

 
Las espigas se hacen murmullo de mar en el crepúsculo ,con el guiño de las primeras estrellas . En la magnitud del firmamento difuminado de creciente oscuridad se pierde la vista de la sierras y los montes de la Cabra ; Con un cigarro encendido Aniceto se hace reflexivo ,se siente grande y capaz ,al contemplar como las montañas que rodean la comarca ,se hacen invisibles y los muros que encierran su ilusion y su libertad desaparecen para sentirse libre en cada atardecer.

 

AUTOR Francisco Manuel Cortes Fernadez

FOTO  Antonio Castro Sanchez (Antoñillo)

secano Santa Fe y La Malaha

LA TABERNA DE LA SOLEDAD

Cada vez que entro en esa taberna desnuda de intimidad, por grandes ventanales encerrados en rejas de forja andaluza ,me sumerjo en una atmósfera turbia de tabaco que enrarece los pensamientos y de alcohol de mesa que difumina la realidad .

Hay bares que son centros lúdicos de la soledad , de almas erráticas en busca de un sentido, refugio de las miserias que callan escondidas . Hombres anónimos ,personas sin nombre ,que cabizbajos asienten ,el batacazo de una ficha de domino ,y por dentro mutismo ,solo el silencio del aislamiento.

Los hombres apenas hablan solo beben en compañía y Aniceto acude con el afán de encontrar conversación y cercanía ; las largas horas de pastoreo en la dehesa le dejan con la lengua muda y los labios pegados de sal.

El mundo suena a silencio y en lo mas profundo de cada hombre miles de gritos que buscan consuelo . Solo unas palabras distan de un hombre a otro que conviven callados y solo una conversación es lo que nos hace humanos.Sin embargo la retorica de las formas ,el miedo a los demás , el deseo de no querer pensar a cambio de ser masa , hacen un mundo mudo.

Rara vez Aniceto se ve por Santa fe , salvo cuando su amo le manda a pastorear a la dehesa .Este año el otoño ha sido corto,la sierra pronto se ha cargado de nieve , y su aliento que convierte en escarcha las gotas de roció han dejado los prados verdes, de rica hierba y para las ovejas alegría.

Francisco Manuel Cortes Fernandez

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UN HOMBRE SIN TIERRA

Las vastas tierras del amo se pierden dibujando colinas alternadas de amarillos ocres y de verdes olivas ,solo quienes trabajan esas tierras conocen su magnitud .En muchas ocasiones cuando Aniceto levanta la cabeza de su duro trabajo y aparta el sudor que le ciega la vista se pregunta de como le pudo venir al señorito semejantes riquezas que ni siquiera conoce en sus extensión y que si su padre ,su abuelo y así atrás nunca trabajaron ¿como llegaron tales propiedades a sus manos?

Unas pocas varas ,quizás media fanega le haría un hombre sobrado , tal vez incluso rico en el pueblo y seria libre de no tener que recibir ordenes y no necesitar del jornal que le llega como una limosna, y con las ganancias comprar unas cabras que dieran leche para poder vender ,y tener carne todo el año .Seria libre sin ataduras de amos ,dueño de su destino.

En que momento de la historia cuando todos los hombres eran iguales ,se invento la ley para proteger la propiedad de otro .Bajo que poder que no fuese el divino ,se agrego quien era igual lo que no pertenecía a nadie salvo del que lo trabajaba y lo hacia a su imagen .Solo con el uso de la fuerza un hombre se puede proclamar dueño de lo que no es suyo .

Aniceto siente esas tierras como propias , han bebido tanto de su sudor ,que una parte de el llevan dentro, y en su inocencia se imagina libre como los sisones que vuelan de una a otra parcela del señorito aprovechando la soledad esteparia ,sin saber nunca que las tierras que vuelan y picotean tienen dueño.

Francisco Manuel Cortes Fernandez