TRAS LA SOMBRA

En el pueblo de Garcia Lorca al final de un rosario de casas bajas hay un acequia del tiempo de los moros donde mi abuelo iba a pescar . Una tarde lo acompañe a ese lugar mientras por el camino iba relatando sus aventuras de pescador de la Vega que rejuvenecido por sus recuerdos recreaba en mi imaginación los seres fantásticos que esconde el reino acuático ,los barbos de enorme tamaño y sin faltar entre sus historias que yo escuchaba con devoción el dia del gran terremoto cuando el rio agitó sus aguas y se rompió durante el temblor de tierra .

El camino que lleva a la acequia morisca estaba surcado de plataneros orientales de corteza descamada que rasgaban sus hojas con el roce del viento y de moreras de tronco nudoso y hojas que destellaban como esmeraldas .

Entre la arboleda surgian los pequeños cortijos algunos de sureña blancura sombreados de parras y coloridos por las madreselvas que escalan por muros de cal blanca. El sol nos seguía entre las copas de los arboles asomándose entre las ramas y en los espacios claros aparecia majestuosa Sierra Elvira como un gigante en la llanura de la Vega

Nos detuvimos en el brazal de láminas de agua plateada donde los cangrejos aceituna se propulsaban como centellas dejando una estela en el barro y las ranas inmutables en sus orilla tomaban el sol sumidas en la calma placentera del murmullo hipnótico de las ondas .

Pero una nube ensombreció el rostro de mi abuelo y el agua se tornó púrpura como el último resplandor de un crepúsculo cuando el sol muere .Su tez perdió el tono oliva de su cara y se le hizo un nudo en la garganta apagándose la vitalidad con la que había llegado y quedo callado en un silencio que traía a su memoria un suceso del pasado.

El sol volvió a salir de entre las nubes y el agua de la acequia se hizo una lámina de estaño bajo la que la vida anfibia reaparecia entre los rizos ondeantes de los berros y me contó un suceso cuando aun era muy joven .

En los años difíciles de la carestía un dia en el ese arroyo de riego pescando cangrejos un vecino envenenado por la religión de sus ideas y subido por la soberbia le puso una pistola en la cabeza y le amenazo de muerte. Aquel dia tuvo suerte aquel pistolero solo perpetró el robo de la cesta de cangrejos pero juró matarlo a la próxima .

Me acabo de despertar de un aletargado sueño aun con el recuerdo caliente de mi abuelo ,la vega de Granada y los brazales repletos de cangrejos y regreso a este tiempo en el siglo XXI donde reina el vacío existencial y el aislamiento detrás de las pantallas .La insoportable soledad hace que todo el mundo ande loco por el reconocimiento ,la búsqueda de una identidad diferenciadora frente a la estandarización en la que a todos nos quieren hacer parecer iguales. Se ha puesto de moda seguir idearios como alternativa a la practica de la religión , la gente como siglos atrás necesita encontrar un sentido a la vida alguna esperanza motivadora en un cóctel que se sirve caliente sin cubitos y sin dios .

Todo hombre tiene una sombra esa parte oscura que nadie ve y que se esconde muy hondo para que nadie lo sepa y que a veces un rayo sol proyecta en todo su espectro en el asfalto como una radiografía . Cuando se puede camuflar entre la multitud aparece guiando el oído de la conciencia y deja aflorar la parte sádica la que no pide cuentas a los remordimientos .

Llegue a saber de aquel pistolero cuando era anciano y que se engrandeció un dia al amparo de la afinidad de sus ideas pero acabado aquel tiempo que le ofreció una ventaja paso toda su vida de jornalero bajo el yugo de un amo nombre con el que se definia en Granada hasta bien entrado los años 80 a las personas que poseían tierras y disponían de trabajo . Se trago su soberbia y orgullo por arrancar remolachas y cortar tabaco a ritmo de látigo .Sumiso pero agazapado porque la maldad nunca se marcha siempre esta esperando a salir en su momento y es cierto la vida nos da la cara que nos merecemos y este tenia la cara que le definia .

No se porque me he acordado de aquel suceso ,habia olvidado aquella historia y hace muchos años que no paso por alli pero siempre tengo presente a los pescadores y cazadores de aquellos años en la Vega de Granada que ahora solo reconozco en fotos en blanco y negro . Eran hombres con un espíritu genuino de libertad, obtenían gran parte de todo lo que necesitaban de aquella exuberante naturaleza de boscosas alamedas y de incontables venas de agua . Vivían próximos a ser salvajes sin pudor viviendo de espaldas al mundo y que importaba si a cambio cada mañana se refrescaban con el agua del rio ,sin necesidad de contar el tiempo y sin rendir homenaje a ningún amo .

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